Nuestro Candidato

Nací en Córdoba Capital el lunes 9 de febrero de 1987; para ser más específico, a las 9 de la mañana. Para mi mamá de ahí me quedó la costumbre de madrugar. No sé si será por la hora en la que nací, pero sí: me encanta levantarme temprano a la mañana.

Hasta los 8 años viví en Córdoba. Por ese entonces mi papá, que es médico, se había quedado sin trabajo y Cosquín nos abrió las puertas en el momento en el que más complicados estábamos. Esa fue la primera vez que me enamoré de esta ciudad.

Consiguió empleo en el servicio de terapia intensiva de la Clínica Sarmiento y, detrás de ese trabajo, llegamos nosotros.

Mis primeros años acá fueron bastante duros. Habíamos perdido casi todo lo que teníamos y tuvimos que empezar de nuevo y de cero. Nuestra situación económica era muy frágil y vivíamos en una casa muy pequeña que no era nuestra: nos la habían prestado. Haber vivido bajo el techo de alguien que nos dio una mano cuando más la necesitamos me enseñó más cosas que cualquier estudio.

De a poco mi infancia se fue acomodando y, acostumbrado al cemento de la ciudad, empecé a descubrir la magia de la tierra, el río y la montaña.

Los primeros días de febrero del año 2005 me fui a vivir a Córdoba para empezar a estudiar abogacía. Por esos días acababa de cumplir los 18 años.  

Estudié y me egresé en diciembre de 2010. Tuve la satisfacción de recibir el mejor promedio de la carrera en la facultad de abogacía de la UNC, lo que me abrió muchas puertas en la ciudad para insertarme laboralmente. Sin embargo, ese mismo año, en el mes de diciembre, decidí volver a vivir a Cosquín.

¿Por qué volví? Por muchas causas, pero fundamentalmente por una sola razón: Cosquín es mi lugar en el mundo. Creo que cuando uno tiene la suerte de descubrir eso que lo apasiona, o de conocer la persona que lo potencia o de encontrar “su” lugar en el mundo, tiene que confiar en eso y defenderlo con todas sus fuerzas. Y eso hice.

Mi acercamiento a la política empezó en el 2010; ahí empecé a militar en el espacio del que aún formo parte: el PSol Cosquín. En estos 9 años aprendí que, contrario a lo que se cree, la política es el espacio de los ideales, del trabajo por el otro, del compromiso con lo colectivo y donde se hace posible transformar, de verdad y para bien, la vida de las personas.

Aprendí, también, que para transformar la realidad hay que formarse y estudiar para construir las mejores soluciones a nuestros problemas. Por eso decidí continuar capacitándome y, además de abogacía, realicé un posgrado en Sociología y Ciencias Políticas y un doctorado en estudios sociales.

También en 2010, fundamos la Cooperativa de Trabajo Nodos, con la que pusimos en marcha Radio Inédita, la primera radio comunitaria del Valle de Punilla. Esta experiencia, que al principio parecía algo imposible, me demostró la potencia del trabajo colectivo y me enseñó que los grandes desafíos se enfrentan, se trabajan y se concretan.

Lo más grande y valioso que tengo es mi familia. De mi mamá, la “Olguita”, aprendí que lo que no se mira con amor se desperdicia y que siempre, en cualquier situación, es posible hacer algo. Mi viejo, Jorge, me enseñó que la vocación y el servicio son una forma de hacer que nuestra vida valga un poco más que el tiempo para nosotros mismos. Mi hermana y Francesca, mi ahijada, me siguen enseñando que nuestra capacidad de amar no tiene límites.

Actualmente soy concejal de mi ciudad por el PSol Cosquín. Junto al equipo de trabajo que me acompaña desempeñamos con seriedad y compromiso la responsabilidad de representar a nuestros vecinos. Desde hace años venimos recorriendo cada calle de nuestra ciudad para conocer, detalle a detalle, las condiciones de vida en la que nos encontramos y trabajar para mejorarlas.

Creo profundamente en las personas: en sus potencialidades, en la capacidad que tenemos para adaptarnos y superar adversidades. Creo en la esperanza, porque estoy convencido de que es imposible cambiar algo si no creemos antes que podemos hacerlo.

Creo, tengo esperanza y estoy convencido de que podemos transformar Cosquín. Realmente siento que es el momento de pensar en grande y darnos la oportunidad de confiar en nosotros.

De chico me enseñaron que ninguna transformación se logra en soledad; por eso siento que es el momento de caminar juntos, a la par de todos los que se desvelan por ver de nuevo la ciudad pujante que fuimos.

Creo que es el tiempo de Cosquín. De devolverle parte de lo mucho que esta ciudad me regaló. Y me continúa regalando.